INVESTIGACION Y DESARROLLO

I+D

A menudo se nos presentan problemas dentro de la organización que nos exigen dedicación de tiempo y desgaste de recursos pensando en que tipo de solución podemos aplicar. Déjelo en nuestras manos, sin costo ni compromiso, buscaremos una solución que proponer para resolver los problemas que pueda tener.

La medición de la actividad de I+D en la empresa es, pues, una parte del esfuerzo que realiza ésta para reforzar su competitividad, estando muy ligado este esfuerzo con la necesidad de desarrollar la tecnología que la empresa necesita para adecuar sus productos y procesos. Por otra parte, el departamento que desarrolla la propia I+D es uno de los que más han tenido que cambiar para adaptarse a las exigencias de un mundo tan cambiante como el que estamos viviendo.

La I+D ha estado concebida como el mecanismo que impulsaba la tecnología que la empresa necesitaba. Día a día esta necesidad se ha ido complicando al tener que incorporar más tecnologías, tanto a los productos como a los procesos que los mismos desarrollan. La evolución de la electrónica y de los materiales, y sobre todo de la informática, ha dejado sin sentido que un departamento pueda por sí mismo satisfacer sus necesidades. Ni las grandes compañías tienen la capacidad de generar todas las tecnologías que se necesitan para ser líder en un mercado.

Por otra parte, sería inviable, por su costo, mantener equipos humanos especializados en cada una de las áreas tecnológicas que potencialmente necesita la empresa. Conscientes de esta limitación, cada día más los impulsores de la tecnología están asumiendo el papel de ser “gestores de tecnología” en lugar de “desarrolladores de tecnología”, contando cada vez más con entidades externas que tienen esa misión de desarrollar y transferir a las empresas los conocimientos que acumulan.

Conocer y asimilar estos conocimientos que se están desarrollando es una de las funciones principales de estos gestores. La importancia de contar con un entorno rico en “oferta tecnológica” es un valor de primera magnitud para toda sociedad que apuesta por posiciones de vanguardia en los mercados internacionales.

Este cambio de rol del propio departamento de I+D se ha visto también afectado por la definición de las tecnologías a investigar e implantar. Tradicionalmente ha sido la I+D la que definía la tecnología que la empresa iba a necesitar a medio plazo y, partiendo de esta definición, se desarrollaban los productos que más tarde se ofertaban a los clientes.

Este proceso “de dentro a fuera” ha llevado a muchas empresas a ofertar productos que no interesaban a nadie, con el consiguiente fracaso de esfuerzo y tiempo, teniendo que reorientar sus actividades sin saber dónde había estado el origen de la no aceptación de sus productos en el mercado. Hoy la orientación de los nuevos productos se plantea con una política “de fuera a dentro”; es decir, mirando al cliente y detectando sus necesidades implícitas y explícitas. Así es como se define lo que tenemos que hacer desde una vertiente tecnológica.